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En la actualidad uno de los problemas físicos más desarrollados es la tensión. Se ha convertido en algo cotidiano e inclusive se le ha dado ya tinte de negocio. Se puede encontrar con un poco de cuidado cursos y seminarios para el manejo de la tensión.
La tensión o estrés conduce a la falta de serenidad tan necesaria para la toma de decisiones y a la ausencia de ecuanimidad. Se podría decir, inclusive, que el mal humos es una característica actual.

Todo surge de la preocupación, esto es el ocuparse previamente de cosas que no sabemos si en realidad ocurrirán o no. Noches en vela, dando vueltas por la cama y la cabeza puesta en cosas que “en la cama no pueden resolverse”.

Recordemos, como lo hacemos en nuestro seminario de manejo del tiempo, que solo podemos administrar el momento que se está viviendo. Los sucesos del pasado, pues eso, ya están en el pasado y solamente se puede remediar las consecuencias que tengan en el presente.

Los sucesos del futuro son impredecibles, aunque si planeables, aunque debe tomarse en cuenta que pueden no alcanzarse los planes por cuestiones ajenas a nosotros.

Solo me queda el presente y lo que pueda realizar en él en vistas a un futuro que se tiene planeado. ¿Puedo resolver lo que me preocupa ahora y es el momento para hacerlo? Si la respuesta es afirmativa hay que hacer lo que se tenga que hacer. Si la respuesta es negativa, entonces también hay que hacer lo que se tenga que hacer y dejar aquello que no puedo resolver de momento para cuando llegue su momento.

La cama es para dormir, en ella no se pueden resolver los problemas de oficina, ni los familiares, ni ninguno otro. Si fuera la cama para resolverlos, entonces habría que hacerlo ahí mismo.

El estrés en ocasiones surge de una actividad intensa, que si es la que se tiene que hacer se convierte en un cansancio muy natural y agradable. Lo verdaderamente estresante es cuando las circunstancias nos dominan y nos damos cuenta que no podemos hacer nada por ellas. El estrés, surge también, cuando irresponsablemente hemos dejado pasar el momento de oportunidad que tiene cada suceso, cada cosa.

Es bíblico el título “Cada día tiene su propio afán” y es por eso que se debe hacer el día de hoy por lo que tengo que ocuparme, con sentido de futuro y de construcción. Cuando no hay sentido de futuro el afán de cada día se convierte en nulidad y vacío al final del mismo, y esto sí que es estresante.

El afán de cada día se debe ver con sentido de responsabilidad, hacia algo que estamos pretendiendo construir en nuestras vidas.
El “cada día tiene su propio afán” se opone al “Carpe Diem” o vive el momento con sentido de pasársela bien pero sin responsabilidad por el futuro. El primero construye, mira hacia el frente; el segundo mira por placer del momento sin importar las consecuencias.

Habría que preguntarse en ciertos momentos del día, esto que me preocupa ¿lo puedo resolver ahora mismo? Si la respuesta es sí hazlo, si por el contrario es negativa, dejarla para el momento en que realmente pueda hacer algo. Te recuerdo que en la cama, pocas cosas pueden resolverse ¿Por qué, entonces, perder el sueño?


José Luis Castañeda Lerma