Líderes en formación de líderes desde 1992

Con el título de este artículo, me llegó un correo de un alumno que recién había terminado un curso en nuestra empresa, el cuerpo del mail continuaba de la siguiente manera:

«Ya sé que te puede sonar un tanto exagerado, pero es la realidad. Están tan enfocados en sus propios intereses que pierden de vista la meta común.

» Lo de sus propios intereses, no se refiere a que pretendan hacer negocios aparte, aunque en ocasiones lo parece, más bien me refiero a: quedar bien con el jefe, hacer sentir su poder, que no los corran, ganarse -quizá- un bono de productividad etc. ¡Ahí está la meta de los que hacen cabeza en la empresa! por lo menos en la mía.

» Afirmabas, que en el liderazgo tanto la meta común, como las personas son parte de ese sistema. Cuando veo a mi gerente haciendo las cosas por miedo, o culpando a los demás, a mí se me desfiguran los objetivos empresariales.

» El personal, algunos piensan que "son un mal necesario" para los que no se tiene tiempo para atenderlos, olvídate de atención a los asuntos personales de sus colaboradores, ni siquiera para los laborales.

» Nos volvemos importantes en el momento de las crisis, en los que hay que sacar "el agua del bote" que puede hundirse.

» Ellos son los que saben todo, los que no necesitan formarse. Los silvestres somos nosotros y por eso nos mandan a tomar cursos en los que ellos se creen superiores. Esperan cambios después de un seminario al que nos mandan, cuando lo más sencillo es que ellos se enfoquen y se den cuenta que el problema es su manera de dirigir.

» A mí me pusieron a que les hiciera un resumen del curso que tomamos con ustedes y cuando hablé del tema de la relación que existe entre autoridad y prestigio -credibilidad- me di cuenta que siguen confundiendo el poder con la autoridad.

» Al hablarles de que sin credibilidad no hay autoridad, me comentaron que eso era un tanto utópico, que ya estábamos registrados y certificados como una empresa en la que se trabaja muy a gusto y que eso hablaba muy bien de ellos. Afortunadamente el gerente general estuvo de acuerdo conmigo y les preguntó, en tono amable, que se calificaran su credibilidad con números del uno al diez- Hubo un valiente que lo hizo rápido y se dio una calificación de ocho.

» El gerente general se le quedó viendo y sin decir nada, el que había hablado bajó su calificación a seis.

» Le preguntó su jefe por qué había cambiado de parecer y la respuesta fue la siguiente: En ocasiones critico las decisiones que tomamos, sobre todo cuando no estoy de acuerdo. Otras veces he prometido cosas que no estoy dispuesto a cumplir. No respeto sus vacaciones y a veces no me preocupan tanto los desperdicios. Les he dicho, por ejemplo, que las personas son lo más importante, pero le pongo poca atención a los de nuevo ingreso. Hay de algunos que ni siquiera me sé su nombre.

» En mi empresa hay gestores de operación, mis gerentes tienen la vista muy corta y no alcanzan a ver al futuro o no quieren hacerlo. Se envuelven en el activismo, en ocasiones sin sentido. Es gente enfocada en los sistemas. No alcanzan a entender que cualquier actividad por ínfima que sea, o está enfocada a la rentabilidad o no sirve. Han perdido piso y rumbo.

» Traigo mis propias inquietudes; quiero mejorar, progresar y aunque estoy en una empresa certificada como estupenda para trabajar, viéndolo desde dentro y no soy el único, me pregunto si valdría la pena seguir en ésta. Un jefe desenfocado, termina por desenfocar al grupo.

Poco pude contestarle.

 

Jose Luis Castañeda Lerma