Líderes en formación de líderes desde 1992

light bulbs 1125016 1920Bernardo, vicepresidente de una empresa internacional, se me acercó a media sesión y me comentó a solas: “José Luis, no me gustaría que profundizaras en el tema de la humildad con mis gerentes. No los quiero apocados, ni que agachen la cabeza ante el corporativo”.

¡Nada más lejano a lo que es la humildad!, sin embargo, en ocasiones se confunde con pusilanimidad y con actitudes taimadas.

Tuve que aclararle rápida y sencillamente que humildad es “andar en la verdad” como afirmaba Teresa de Ávila.

De alguna manera, esta virtud tiene que ver con nuestra realidad como personas. Reconocer lo que soy, tanto lo positivo como lo negativo.

Un gerente humilde reconoce sus límites y sabe pedir ayuda allí donde no llega.

Reconoce que no lo sabe todo y valora las opiniones de los demás. Sabe intervenir en lo que conoce y aprende a quedarse callado.

Acepta que se equivoca y asume la responsabilidad de sus errores, sin culpar a los demás. Esto lo lleva a pedir disculpas y valorar las opiniones de sus colaboradores.

Descubre que su gente no espera un “sabelotodo” porque no existen y si es reconvenido justamente sabe agradecerlo.

Las posturas dogmáticas, que tanto daño hacen a la empresa, se deben a la falta de esta virtud. Al igual que las poses altaneras.

En la actualidad se habla mucho de auto estima, que es el valor que nos damos a nosotros mismos, pero en ocasiones se cae en una valoración subjetiva por no querer reconocer en realidad lo que se es.

La verdadera auto estima, tiene que ver con la virtud de la humildad que permite que se reconozcan tanto las cualidades positivas, como las actitudes negativas que se poseen.

En la empresa una de las primeras funciones que se ejerce es la del diagnóstico; esto se ve desde el mismo momento en que se contacta con el trabajo, se observa lo que hay y con qué recursos se puede lograr. En ese “ver lo que hay”, se requiere de la humildad, como se ha visto en párrafos anteriores. «La humildad es la objetividad en la valoración de las posibilidades del propio yo» Afirmaba el Dr. Carlos Llano

Cuando se ve el futuro, lo más grave es quererlo enfrentar con lo que no se es. El futuro requiere de herramientas reales para conseguir lo que se quiere. No se puede engañar uno mismo proponiéndose cosas sin ver su propia realidad actual, qué se tiene y hasta dónde se puede llegar. Y aquí la humildad vuelve a tomar el lugar que le debe corresponder.

Nada más contrapuesto como la humildad y el apocamiento. Si se es apocado es porque se es poca cosa o persona. De serlo así, entonces se partiría de cero y se abriría a la posibilidad de crecimiento, que todos, por ser humanos tenemos.

Habría apertura hacia los demás y a sus aportaciones, porque se descubriría humildemente el valor de cada persona para el propio crecimiento.

 

José Luis Castañeda Lerma