Líderes en formación de líderes desde 1992

Es una pregunta que me hicieron hace poco. Para mi fue doloroso decir que sí, que efectivamente lo era. Tratando de quitarle importancia a la respuesta el interpelado me contestó con un dejo de sarcasmo ¿cómo puedo ser algo que ni siquiera se lo que es?

Mediocridad, en su significado más primario y superficial, quiere decir de calidad media, de poco mérito, tirando a malo.  Si nos vamos por el de calidad media, sabemos que nos tendríamos que enfrentar necesariamente con el término “satisfacción del cliente” y de ahí pasar a preguntarse que tan satisfechos están de nosotros las personas que nos rodean en los diferentes ambientes en que nos movemos: ¿Qué tan satisfechos, objetivamente,  están mis familiares, mis compañeros de trabajo, mis colaboradores, mis jefes, mi empresa? ¿Cómo me valoran? ¿Soy uno más o realmente tengo peso específico?

Ahora bien, profundizando un poco más. Mediocre es aquella persona que se traza fines y medios para conseguirlos…pero que se queda entretenido en esos medios  y se olvida de sus finalidades originales. Se es un trabajador mediocre cuando se sabe que en la empresa se debe buscar la rentabilidad y se arrutina en su trabajo, sin lograr despuntar. Se es una persona mediocre cuando no se tiene un propósito en la vida y entonces cualquier medio se le confunde con fin. En este grupo caemos la mayoría.

Trabajamos, nos casamos, tenemos hijos, comenzamos una relación, estudiamos etc. Pero ¿Con qué fin? Todo lo que hacemos tiene una finalidad objetiva, ¿la hemos encontrado? Ya se que quizá estés cavilando que no quieres pensar en esto, que preguntarse por el sentido de la vida –en primer lugar- y luego en las finalidades de todo lo que hacemos da un poco de flojera. Esta es otra señal de mediocridad.

Vencer la pereza, requiere de determinación y ésta solo aparece cuando hay un fin altamente apetecible, deseable que se quiere con todas las fuerzas. Se convierte en una especie de círculo vicioso: “tengo pereza porque no se que quiero, y no se que quiero porque me da pereza pensarlo” ¡Bienvenido al círculo de la mediocridad!

Todos queremos progresar, en todos los sentidos, pero muy pocos tenemos la determinación para hacerlo. No hay alguien que no quiera salir adelante, todos queremos, pero no todos nos determinamos.

Y total ¿para qué? Si todos somos iguales, si efectivamente, la mediocridad masifica, aglutina, reúne y como somos muchos, nos sentimos acompañados, contagiados de falta de determinación. Y luego viene el engaño: “el día que me decida, van a ver quien soy”. Dejamos la determinación para el futuro que es tan incierto, que no sabemos su extensión para cada uno en lo individual.

El día que me decida: voy a ser el mejor padre, el mejor cónyuge, el mejor trabajador, el mejor estudiante, tendré mi propio negocio, regularizaré esta o aquella situación, volaré como las águilas. “El día que me decida” se convierte en el mejor calmante para las indirectas que nos lanza nuestra inteligencia diciéndonos que estamos en el grupo de los mediocres.

De una manera simpática pero que tiene su profundidad, alguna vez me comentaron que la palabra mediocre viene de “medio cree” medio cree en sí mismo, medio cree que hace las cosas bien, medio cree que sobresale, medio cree que es buen empleado o líder. A final de cuentas que medio cree en sus fines.

En fin yo medio creo que esta reflexión te ayude a determinarte. No te tengas lástima, ni te apiades de ti; para salir de la mediocridad se requiere de una visión, confianza en ti mismo para que cuando lo intentes, te sucederá como el chicle que se te pega en el zapato, no te impide el caminar pero ¡cómo molesta!, ese chicle es la cantidad de mediocres que quieren que regreses.

¿No te cansas de que el montón determine tu vida?

José Luis Castañeda Lerma

 

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